Vías Verdes

Historia

Uno de los sitios que mas me gustan, por eso publico un articulo como este, para que todo el mundo tenga la suerte de conocer en persona unas de las maravillas que tenemos en la Sierra de Cádiz.

Esta es mi forma de apoyar estos proyectos, que lo disfrutéis.

fundacion via verde

En Andalucía se localizan 1.614 kilómetros de líneas ferroviarias en desuso, casi el 23 % de toda la infraestructura de este tipo abandonada en España. En algunas de ellas se actúa desde hace varios años para transformarlas en vías verdes, corredores acondicionados para el turismo. La Fundación de los Ferrocarriles Españoles, entidad que gestiona este patrimonio, ha editado una segunda guía en la que se detalla el recorrido de algunas de las vías más atractivas.

¿ Que es una vía verde ?

Para que un antiguo trazado ferroviario pueda recibir la denominación de vía verde ha tenido que acondicionarse cumpliendo una serie de requisitos. Por ejemplo, de la plataforma ha debido eliminarse el balasto o cualquier otro material que dificulte el tránsito de los senderistas, y en sus entradas han de disponerse elementos que impidan la circulación de vehículos a motor. Debe contar con cunetas, barandillas, señalización específica, áreas de descanso, aparcamientos e iluminación en túneles, entre otros elementos.Estas condiciones, bastante estrictas pero imprescindibles para homologar las rutas, no se cumplen en todos los casos.

En el resto de las rutas andaluzas habría que hablar, para hacerlo con propiedad, de trazados ferroviarios en desuso que, si bien son transitables y atractivos para personas acostumbradas a este tipo de caminatas, pueden sorprender al viajero menos experimentado con alguna dificultad imprevista, lo que las hace poco recomendables para personas de movilidad reducida.

La Fundación de los Ferrocarriles Españoles aconseja dirigirse a los ayuntamientos por los que discurren las rutas para informarse sobre el estado de las mismas, ya que en ellas se están produciendo continuas reformas para su uso turístico. También es posible consultar la página web de este organismo (www.viasverdes.com) que incluye información actualizada sobre las principales rutas

La Vía Verde de la Sierra, que sigue una línea férrea diseñada para transportar productos vitivinícolas pero que nunca vio transitar un tren, permite entrar en contacto con impetuosas montañas y apacibles dehesas, es decir, algunos de los más estimulantes paisajes de Cádiz.

viaVerde tunel

Exactamente 36 kilómetros de carretera separan Puerto Serrano y Olvera. En cambio, son menos, 36, los que unen ambas localidades gaditanas por la vieja línea férrea, proyectada a principios del siglo XX para empalmar Jerez de la Frontera con la población malagueña de Almargen. Hace años que esta línea abandonada es una Vía Verde, recuperada para el paseo y la contemplación: en ella se suceden los paisajes que han hecho de Cádiz una de las tierras con más personalidad e interés de la península Ibérica.

De Cádiz a Sevilla

puente via verde
La Vía Verde de la Sierra discurre al norte de la provincia por montañas jóvenes e impetuosas, tapizadas de colores violentos, arroyos chillones y cielos de un azul blanquecino, como presagiando la cercanía de un mar y un océano. A veces, el trazado se interna en la vecina provincia de Sevilla, en sus límites sureños, difusos y ondulados, manchados por bosques de pinos y encinas.

Todo comenzó hace poco más de cien años, cuando las autoridades políticas propusieron la construcción de una línea férrea entre Jerez y Almargen para dar salida hacia el este a los productos vitivinícolas del marco gaditano. Además, el llamado Ferrocarril de la Sierra posibilitaría comunicar un puñado de pueblos anclados en el olvido, perdidos entre las tierras de la cuenca alta del Guadalete y las montañas que cerraban al norte la sierra de Grazalema. Las primeras obras fueron aprobadas por el general Primo de Rivera en 1926. Pero diez años después, desatada la Guerra Civil, los trabajos sufrieron una interrupción de la que nunca se recuperarían. Irónicamente, lo más difícil ya estaba concluido para entonces: se habían acabado las estaciones, los viaductos y los túneles, y echado por tierra no menos de una decena de montañas. Tan sólo restaba tender las vías. Pero en los años sesenta, un informe económico dictaminó la inutilidad del trazado, con la sugerencia de abandonarlo para siempre. Vía Verde de la Sierra de Alcaraz  © Fundación de los Ferrocarriles Españoles

Mientras que el proyecto inicial había previsto un largo trayecto de 119 kilómetros. sólo llegaron a entrar en servicio los primeros 21, que unen Jerez con la azucarera de Jédula. Aunque se tendieron vías hasta Arcos de la Frontera, únicamente trenes de prueba circularon por ellas. Familias de ferroviarios habitaron durante algunos años las estaciones, pero ningún convoy hizo jamás su entrada en los apeaderos.

Hoy, la Vía Verde de la Sierra resarce aquel olvido iniciando su estimulante recorrido en la estación de Puerto Serrano, en un cortado sobre las aguas del río Guadalete. El paraje de los Llanos de la Reyerta –ya nadie sabe qué sangre se derramó por estos pagos para justificar tal nombre– acoge el primero de un puñado de antiguos molinos que aprovechaban la fuerza de las aguas del río. El paisaje se torna quebrado y rocoso. Sobre el arroyo de los Azares se extiende el primero de los cuatro viaductos de la ruta, y los túneles se suceden hasta que el Guadalete se funde con el Guadalporcún en el paraje de la Junta de los Ríos (kilómetro 9 de la Vía Verde).

Ruta verde: viaductos, túneles, caminos

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La ruta prosigue paralela a las aguas del Guadalporcún. Otro viaducto salva el arroyo del Gillete, y un túnel de más de 900 metros de longitud atraviesa el corazón rocoso del cerro del Castillo. Al final de las curvas aguarda la estación de Coripe, pueblo de origen prerromano habitado por 1.500 personas. Camino hacia Zaframagón es necesario atravesar otros cinco túneles. El paisaje es estremecedor, fiero y luminoso; grandes montañas se alzan a uno y otro lado de la Vía. A lo lejos, entre cañones y farallones de dura piedra, se distinguen arroyos limpios y caudalosos. Sólo se escucha el silbido del viento y el canto de las aves. En el kilómetro 20 aparece la estación de Zaframagón: ¿qué viajeros se habrían apeado en este solitario rincón, apartado varios kilómetros de cualquier lugar habitado si el tren hubiese llegado alguna vez? Desde aquí se distinguen las aristas y los dientes rocosos del peñón, el enclave más fascinante y conmovedor del recorrido. En este tramo, la senda discurre al asiento de la gran montaña, entre las aguas del Guadalporcún y los estrechos pasos que concede el áspero relieve.

La Reserva Natural del Peñón de Zaframagón se alza en los límites provinciales de Sevilla y Cádiz. Los pies de la brusca elevación están alfombrados de encinas y olivares, y la vegetación se hace más original y valiosa conforme uno asciende. Las aguas del Guadalporcún han cicatrizado la cintura del picacho, dando origen a un paraje de extraordinaria belleza, conocido popularmente como el Estrechón. En las rocas más altas habita una de las colonias más numerosas de buitre leonado de Andalucía.

La Vía Verde de la Sierra, un gran mapa de sentimientos geográficos

A poca distancia del túnel de Zaframagón sale al paso la estación de Navalagrulla, únicamente poblada por el silencio y el viento. De pronto, sin previo aviso, la vehemencia de la montaña se vuelve ternura en las praderas y los ondulantes perfiles de la sierra de Líjar. Camino de Olvera, el trazado ferroviario discurre por terrenos suaves y calmos, salpicados por ganaderías de afamados hierros y explotaciones agrícolas. En sus tramos finales, el paseante cruzará por la colada del Morón, una antigua vía pecuaria que trepa hasta tierras de Sevilla. El destino de la ruta, con la blanca Olvera al fondo, está presidido por una hermosa estación convertida en hotel y restaurante, destino reparador para cuerpos maltrechos y estómagos vacíos.

La ruta verde discurre por dos de los paisajes más bellos y paralizantes de la provincia de Cádiz. Al norte, las tierras gaditanas se presentan escarpadas y abruptas, mientras al centro templan sus ánimos en dehesas de infinitos horizontes. Aquí acaba el itinerario. No alcanzamos a olisquear las aguas saladas del sur, allí donde Cádiz presume de haber encargado un mar y un océano: el Mediterráneo y el Atlántico.

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