Nota
Todo este texto ha sido recopilado de diferentes webs, blogs y algunos textos en papel; no es de creación propia, ni pretendo beneficiarme económicamente de él. Lo recopilo y publico por ser una de mis aficiones.
Protección legal
El Decreto 339/2003, de 2 de diciembre, declara Bien de Interés Cultural, con la categoría de zona arqueológica, el yacimiento de Carissa Aurelia, sito en los términos municipales de Bornos y Espera, provincia de Cádiz (BOE núm. 22, de 26 de enero de 2004).
Bornos se integra en la Ruta Arqueológica que gestiona la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Cádiz, con la aportación de Carissa Aurelia. El yacimiento se encuentra enclavado entre los términos municipales de Espera y Bornos.
Este yacimiento representa el paso de la civilización ibérica a la romana, y puede observarse a través de las ruinas de Carissa Aurelia, situadas a 5 km del centro de Bornos y a 7 km del centro de Espera. Por un lado, el descubrimiento de esculturas de leones —hoy en el Museo Arqueológico de Sevilla— y la zona de Hipólitos lo relacionan con un pasado ibérico muy vinculado a la tradición. Por otro, la influencia romana se fue extendiendo y, con el paso del tiempo, Carissa Aurelia se convirtió en una importante ciudad romana; muestra de ello son las esculturas descubiertas en el yacimiento, así como el hecho de que en Carissa Aurelia se acuñaran monedas.
En Carissa Aurelia se han encontrado numerosos restos arqueológicos y escultóricos de esta época, entre los que destacan el famoso león de Carissa Aurelia, fragmentos de inscripciones, una figurilla de bronce que representa una Venus desnuda, dos esculturas de mármol que representan ninfas acuáticas, un busto de la diosa Ceres con restos de policromía, una cabeza femenina, abundantes monedas y restos de cerámica.
El paso a paso de la historia
Los restos hallados del Paleolítico Superior confirman la presencia humana en estas tierras desde la más remota antigüedad, aunque es posible que el asentamiento se remontara al Paleolítico Inferior o Medio. Del Neolítico, en cambio, apenas existen indicios. El hallazgo de una espada de bronce, fechada hacia el año 900 a. C., volvió a dejar huella del paso de una civilización antigua: la de Tartessos.
Antes de la llegada de los romanos al sur de la península, esta zona estaba habitada por un conglomerado de pueblos influenciados por diversas culturas, que dieron lugar a una floreciente civilización ibérica. Su tránsito hacia la civilización romana se manifiesta a través de las ruinas de Carissa Aurelia, situadas unos 5 km al oeste de Bornos. Fue un importante centro de población ibérica, con un nivel avanzado y una economía próspera, donde se descubrieron leones tallados en piedra que las familias poderosas colocaban en los monumentos funerarios, cumpliendo una función simbólica de defensa del difunto.
Con el paso del tiempo, a medida que la influencia romana se extendía, Carissa se convirtió en una importante civitas romana. De esta época romana se han encontrado numerosos restos arqueológicos y escultóricos, aunque la mayoría se conservan en colecciones particulares. Entre ellos destacan fragmentos de inscripciones, una figurilla de bronce de una Venus desnuda, dos esculturas femeninas de mármol que representan ninfas acuáticas, un busto de la diosa Ceres con restos de policromía, una cabeza femenina —hoy expuesta en la Casa Consistorial—, abundantes monedas y fragmentos de piezas de cerámica.
La última etapa de Carissa corresponde a la decadencia del poder imperial romano, que trajo consigo la entrada de los invasores bárbaros y el establecimiento y permanencia visigoda hasta la llegada de los árabes. De este momento se conservan algunos restos arqueológicos, entre los que destaca una lápida que hace referencia a diversos santos y que en la actualidad se encuentra empotrada en la fachada de la iglesia parroquial. Con la llegada de los árabes, Carissa desapareció definitivamente, y la población comenzó a asentarse en torno a una torre fortificada que más tarde sería el castillo de Fontanar.
Las ruinas de Carissa
El siguiente fragmento reproduce, tal como fue escrito, una crónica erudita de principios del siglo XX sobre los hallazgos de Carija —el cortijo que hoy ocupa el emplazamiento de la antigua Carissa Aurelia—. Se ha modernizado únicamente la ortografía (tildes, espaciado) para facilitar su lectura, sin alterar su vocabulario ni sus tiempos verbales, al tratarse de una fuente histórica citada.
A una legua al occidente de la villa de Bornos existe, sobre alegre y dilatada colina, un extenso y estéril despoblado cubierto de multitud de piedras, trozos de mármol y fragmentos arquitectónicos con borrosas labores gastadas por el tiempo, vestigios elocuentes de haber existido en aquellos campos una población romana en época remota.
Un clásico cortijo andaluz, llamado de Carija, conserva tan solo el recuerdo de la antigua ciudad denominada Carissa Aurelia, que gozaba del derecho del Lacio y pertenecía a la región de los Túrdulos, y que Plinio y Ptolomeo citan situándola en el convento jurídico gaditano, no lejos del camino de Hispalis a Nebrissa. En el anverso de algunas de las monedas que acuñó se ve una cabeza de varón mirando a la derecha, y en el reverso, un jinete que vuelve al lado izquierdo, leyéndose a la altura de su espalda la siguiente inscripción: CARISSA. Hay otras con la cabeza de Ceres vuelta al lado izquierdo, y en el reverso un mancebo montado a caballo con escudo en el brazo derecho, corriendo al mismo lado, leyéndose entre dos líneas: CARISI.
Las ruinas de este despoblado han suministrado siempre muchos materiales para la construcción de las casas de labor de aquellos contornos, habiéndoseme asegurado por algunos viejos trabajadores del campo que hay, entre los cimientos y muros de ciertos caseríos, pedestales con inscripciones. En la puerta del cortijo de Carija existe un enorme sillar de piedra granítica con un bajorrelieve que representa un león de gran tamaño, ya muy mutilado por la acción de los siglos y de los hombres.
Se conservan también lápidas romanas procedentes de este sitio en Bornos (Hübner 1367 y 1368), y otra, visigótica, en la pared de la iglesia mayor de este pueblo, publicada por el ilustre P. Fita (Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XXIII, pág. 276). Con bastante frecuencia, los trabajadores del campo encuentran monedas y otros objetos de gran interés histórico; algunos de ellos, salvados de la ignorancia y el olvido, han ido a parar a manos de coleccionistas, aficionados y verdaderos amantes de la arqueología.
Uno de ellos, D. Andrés María Cano, conserva en Bornos, entre otras curiosidades halladas en las ruinas de Carija, una figura de bronce, un falo del mismo metal, una aguja, un estilo, un exvoto de mármol que representa un ave en embrión, y un pequeño y curioso altorrelieve de alabastro con restos de pintura policromada, de 20 cm de largo por 12 de alto, que representa a la diosa Ceres sentada sobre haces de espigas, apoyando la mano izquierda en una cesta de manzanas y recogiendo con la derecha los pliegues de sus extrañas vestiduras, que no parecen romanas.
Su ejecución es propia de un período de decadencia artística. Mucho mejor es una preciosa estatuilla de bronce, de 0,21 m de altura y 620 g de peso, que el señor Cano donó hace años al distinguido aficionado y diplomático D. Agustín G. del Campillo. Parece representar a la diosa Venus desnuda, de pie, en actitud airosa y elegante. Corona su hermosa cabeza un peinado en forma de diadema, que baja luego sobre su nuca y espalda dividido en tres trenzas. Extiende el brazo derecho hacia adelante, con la mano mutilada, y con la izquierda, levantada a la altura de la barbilla, sostiene un mango que probablemente perteneció a un espejo. Esta pequeña figura marca una época de florecimiento del arte romano.
Al mismo período artístico pertenecen dos magníficas esculturas de mármol de tamaño natural que, adornando el jardín de su casa, posee en Bornos D. Gabriel García. Estas estatuas se encontraron en el despoblado de Carija a principios del siglo pasado, y fueron trasladadas desde allí hasta su ubicación actual.
Están, por desgracia, bastante mutiladas, y representan a dos ninfas desnudas recostadas sobre elegantes paños. Una de ellas, de líneas más delicadas y modelado más turgente, parece estar en la adolescencia, mientras que la otra, de igual belleza pero de contornos más redondeados y parcialmente cubiertos por ligeros paños, tiene aspecto de matrona clásica.
La primera figura conserva la cabeza, aunque rota, mutilada y separada del cuerpo, con un tocado de raya al medio que forma con sus trenzas una artística diadema. Sobre los grandes bloques marmóreos que les sirven de peana se ven grabados algunos pequeños peces —aunque todos ellos estaban consagrados a Neptuno, la concha marina se dedicaba a Venus, así como el pececillo apua y el barbo se dedicaban a Diana—.
El ilustrado historiador de Arcos de la Frontera, D. Miguel Mancheño, docto correspondiente de esta Academia, guarda en su colección de antigüedades diferentes objetos encontrados en Carija; entre ellos, un clavo de bronce cuya cabeza representa un rostro de hombre con gorro frigio, delicadamente cincelado. En el mismo lugar encontró, en 1830, el señor D. Juan Huertas —según refiere el señor Mancheño— un curioso anillo sigilario de barro, en perfecto estado de conservación. En el campo del sello se veían dos palmas rizadas a modo de orla, y un busto varonil grabado con esmero, con el paludamento abrochado sobre el hombro y la cabeza cubierta con el gorro de liberto.
Ya en 1864, el cronista de Córdoba y distinguido arqueólogo D. Luis Ramírez de las Casas-Deza, en el número correspondiente al 4 de septiembre de la revista Museo Universal*, describía también los objetos hallados por aquel entonces en las ruinas de Carija: un hierro de lanza con dos cuchillas flamígeras a los lados, una especie de alabarda, y una curiosa lámpara de bronce en forma de ave, de cuya cabeza salía un asa para suspenderla.*
Como puede verse, el despoblado de Carija es uno más de los muchos sitios que hay en Andalucía donde, mediante excavaciones bien dirigidas, se hallaría un filón inagotable de grandes riquezas artístico-arqueológicas.
Descripción
El conjunto de Carissa Aurelia comprende una gran extensión, en la que se distinguen varios elementos:
La ciudad
La conforma un despoblado formado por una serie de colinas donde se aprecian con claridad las distintas partes de la ciudad, con una zona aplanada donde probablemente se ubicaron los edificios públicos. Se conserva una vía romana, flanqueada por los restos de lo que fueron las puertas de la ciudad, así como restos visibles de su muralla. En superficie se aprecian restos de muros y estructuras edilicias, además de materiales dispersos de construcción.
Necrópolis Norte
Excavada durante las campañas arqueológicas de 1985 y 1986, ha aportado importantes testimonios sobre el ritual funerario de incineración, con diversas tipologías: en fosa simple y en doble fosa —estas últimas con cubiertas de sillares, ladrillos o tégulas, dispuestas a dos aguas o con tapa horizontal—; incineración en urna dentro de fosa con cubierta de ladrillo o tégulas; y fosas recortadas con urnas dentro de fundas de plomo. También son de interés en esta necrópolis los columbarios, simples o asociados a otro tipo de incineraciones. En cuanto al ritual de inhumación, están presentes las fosas simples —rectangulares, cuadrangulares o de forma irregular y antropomorfa—, la inhumación en fosa con cubierta de tégulas —a dos aguas o con tapa horizontal— o de ladrillos, así como tumbas de sillares simples y mixtas, con construcción de ladrillos o tégulas.
Estructuras siliformes
Se trata de un conjunto de cinco estructuras siliformes, halladas durante la excavación de la necrópolis tardorromana de El Trigal noroeste, de época prehistórica, que podrían corresponder a un asentamiento al aire libre.
Camino interior de la necrópolis
De época romana, se encuentra relacionado con la Necrópolis Norte. Este camino está situado en la ladera este, con una anchura de un metro y dos canales laterales de desagüe; probablemente rodeaba la necrópolis por el este y permitía el tránsito por el interior del cementerio desde la ciudad.
Necrópolis Sur
Situada a ambos lados de uno de los caminos de acceso a la ciudad. Su característica común es que, hasta el momento, solo se ha documentado en ella el ritual de la incineración. Los enterramientos presentan diversas tipologías: tumbas de planta de cruz griega, troncocónicas o con cubierta a dos aguas, así como tumbas de planta cuadrada construidas en mampostería, incineraciones simples en urnas e hipogeos.
Arqueología · Sierra de Cádiz
Carissa Aurelia: una ciudad íbero-romana
Entre las lomas que separan Bornos y Espera se esconde uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la provincia de Cádiz: el testimonio de una ciudad turdetana que se convirtió en una próspera urbe romana.
Ubicación
Bornos y Espera, Cádiz
Coordenadas
36°52’49» N, 5°43’20» O
Altitud
200–274 m
Protección
BIC desde 2003
Dónde se encuentra
El yacimiento se sitúa entre los términos municipales de Bornos y Espera, en plena Sierra de Cádiz, sobre un conjunto de colinas de escasa altura que forman las estribaciones de la Sierra de Gamaza y la Sierra del Calvario — un punto de transición entre la sierra y la campiña del valle del río Salado.
Mapa esquemático de situación, no georreferenciado a escala. El yacimiento se encuentra a unos 5 km de Bornos y 7 km de Espera, entre las estribaciones de la Sierra de Gamaza y la Sierra del Calvario.
De asentamiento íbero a ciudad romana
Los restos más antiguos documentados en la zona —incluida una espada de bronce fechada hacia el 900 a. C.— apuntan a una presencia vinculada a la civilización de Tartessos. Sobre ese sustrato se desarrolló un oppidum íbero de los turdetanos, un asentamiento fortificado y próspero cuya huella se conserva en esculturas de leones funerarios, colocados por las familias poderosas para proteger simbólicamente a sus difuntos.
Con la conquista romana, Carissa fue adquiriendo estatus de ciudad de derecho latino, integrada en el Conventus Iuridicus Gaditanus —así la sitúan tanto Plinio el Viejo como Ptolomeo—. La ciudad llegó a acuñar moneda propia, con la leyenda CARISSA o CARISI, un privilegio reservado a núcleos urbanos de cierta relevancia administrativa y económica.
Un vestigio recuperado en 2020
En 2010, el busto romano de Antonia Minor —hija menor de Marco Antonio y madre del emperador Claudio—, hallado en Carissa Aurelia en los años 60 y expuesto en Bornos, fue robado y sacado ilegalmente de España. Diez años después, en octubre de 2020, la pieza fue localizada en Alemania y devuelta oficialmente en un acto en el Consulado General de España en Múnich, gracias a la cooperación entre las policías de ambos países.
Hallazgos destacados
Los leones funerarios
Esculturas ibéricas en piedra, colocadas en tumbas de familias poderosas como guardianes simbólicos del difunto.
Venus de bronce
Pequeña figurilla que representa a la diosa desnuda, de gran finura, hoy referencia del arte romano provincial de la zona.
Ninfas de mármol
Dos esculturas de tamaño natural, muy mutiladas, que representan a sendas ninfas acuáticas recostadas.
Busto de Ceres
Con restos visibles de policromía original, la diosa de las cosechas aparece asociada al carácter agrícola de la región.
Monedas CARISSA / CARISI
Acuñaciones propias de la ciudad, con jinetes y cabezas de Ceres — prueba de su estatus como ceca local.
Necrópolis Norte y Sur
Excavadas desde 1985, documentan rituales funerarios de incineración e inhumación con múltiples tipologías de enterramiento.
Visitar Carissa Aurelia hoy
El yacimiento es visitable dentro de la Ruta Arqueológica que promueve la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de Cádiz. Buena parte de las piezas encontradas en Carissa Aurelia —junto a las del cercano yacimiento de Esperilla— se exponen en el Museo Arqueológico de Espera (MAE), que alberga la colección de escultura íbero-romana más importante de Andalucía Occidental.
Fuentes: Decreto 339/2003 (BOE núm. 22, de 26 de enero de 2004); informes de excavación de la Junta de Andalucía (Anuario Arqueológico de Andalucía, 1985–1986); revista ph del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, nº 89 (2016); Ministerio de Cultura y Deporte, nota sobre la devolución del busto de Antonia Minor (2020).
